La única solución al déficit de tarifa y alguna propuesta más

Tras leer el útlimo post de Jorge Morales, estoy de acuerdo en que lo fundamental es proponer soluciones, no sólo criticar la mala política energética. Me animo a recoger algunas reflexiones personales que aunque no pretenden ahondar en todo, al menos me mojaré un poco proponiendo soluciones.

Un tema fundamental sobre el que hacer propuestas es en mi opinión el déficit de tarifa, pues es la preocupación política principal. Para resolverlo, opino que deben darse soluciones a la sostenibilidad actual del sistema sin utilizar parches injustos, retroactivos o indiscriminados. En esto supongo que estamos todos de acuerdo, incluso los que los han utilizado, pues no los consideran como tales.

Realmente hay varias soluciones, muchas serían también atajos injustos, que incluso pueden defender partidos de moda ahora, por ejemplo, expropiar las nucleares e hidroeléctricas, o las redes de distribución, nacionalizándolas por el “bien común” (Es curioso que expropiación suena tan fuerte como sonaba legislación retroactiva hasta hace poco…), multar a las grandes compañías con un importe equivalente al déficit de tarifa por prácticas oligopolísticas…  Por otro lado, opciones como subir el precio, hasta donde sea necesario (que además es la palanca mas potente para fomentar la eficiencia energética), no las defenderá ningún partido. Voy a defender aquí la única opción que yo veo (querido lector, si tiene una solución mejor, por favor responda a este post)

Si el consumo eléctrico creciera lo suficiente, se podrían cubrir los costes del sistema con los precios actuales, verdad? Sigue leyendo

Anuncios

Electrificación del transporte, cuestión de impuestos?

Partimos de la actual situación de crisis, en la que una balanza de pagos negativa obliga al estado a financiarse, junto con el déficit público, exponiéndonos a la prima de riesgo e hipotecándonos a futuro, obligados a pagar esa deuda.

Uno de los caminos para salir de una crisis es el incremento de la exportación, que ya no podemos apalancar mediante devaluaciones, sino ganando en competitividad (menores costes laborales, mejor productividad e intensidad energética, innovación, venta de valor, etc – como refería José María O’Kean en un post reciente). Pero no se logra el efecto positivo si no se reducen las importaciones y las salidas de rentas, pues si sigue habiendo déficit en balanza de pagos seguirá aumentando la necesidad de deuda. En este punto, España tiene un problema, pues las importaciones energéticas tienen un peso muy importante (aprox 25% de importaciones y en crecimiento) y se ve afectado por la volatilidad y el crecimiento de precio, por lo que compensa parte de la reducción. Aunque ha mejorado, aún hay déficit por cuenta corriente, como explica en este post Rafael Pampillón del IE Business School.

Parecería lógico reducir estas importaciones mediante el uso de energías renovables, pero cuyo crecimiento se ha dejado de apoyar, se perjudica retroactivamente y no se abre del todo la puerta al autoconsumo, por no afectar más a las grandes compañías eléctricas. También parecería, aún más lógico, aumentar la electrificación del transporte (casi el 40% del consumo energético según IDAE en 2010), porque reduciría el déficit de tarifa (como planteaba en mi post sobre el PIVE), permitiría seguir creciendo en renovables (con mayor valor añadido local y sin perjudicar a las grandes eléctricas), y a la vez reduciría las importaciones.

Cuál es el problema que impide que esto se haga y realmente se empuje el coche eléctrico decididamente? Es un tema de impuestos, tan simple como que cambiar el consumo de combustibles por consumo eléctrico aumentaría el déficit público al recaudar menos. Frente a este problema, el efecto de reducción de las necesidades de financiación por déficit comercial queda ensombrecido.

IMG_3430[1]

Sigue leyendo